Comunicado de prensa
Contacto: Sergio G. García
LA FUNDACIÓN SOPHIA TRAE EL LEGADO
SAGRADO A MALLORCA
La Fundación Sophia, en colaboración con
la Embajada de los Estados Unidos de América en España, presenta en
nuestro país las célebres imágenes del fotógrafo Edward S. Curtis
(1868-1952). Este testimonio se ha convertido en el último siglo en un
magnífico acercamiento a la cultura de los indios norteamericanos.
Palma
de Mallorca, 19 Noviembre 2008 – La Fundación Sophia y la Embajada de
los Estados Unidos traen a Palma una colección especial del famoso
fotógrafo Edward S. Curtis (1868-1952), cuya extensa documentación de la
vida tribal indígena en los Estados Unidos y Canadá produjeron unas
imágenes impresionantes, que han dado a conocer las culturas
norteamericanas por todo el mundo.
La
exposición será inaugurada por la agregada cultural de la Embajada de
Estados Unidos en Madrid, Valerie O’Brien, y el Dr. Francis J. Vilar,
Presidente de la Fundación Sophia. El acto tendrá lugar el miércoles 19
de noviembre a las 20'30 h en el salón de actos situado en la calle
Jaime Ferrer, 3 (cerca de la Lonja) Tel 971 721 555. La muestra
permanecerá abierta hasta el 11 de diciembre, de lunes a jueves, de 18 a
22h. La entrada es libre.
“El
Legado Sagrado y Los Indios Norteamericanos”, muestra una amplia
selección de las imágenes más emblemáticas de los indios norteamericanos
del siglo XIX, que han cautivado a espectadores del mundo entero. La
exposición de fotografías itinerante, creada expresamente para el
departamento de Estado de los Estados Unidos, es traída a Palma por la
Fundación Sophia y la Embajada de los Estados Unidos, como una
iniciativa para ilustrar la extraordinaria diversidad de las tribus de
América del Norte y para potenciar un diálogo positivo sobre los
diversos poblados autóctonos del continente americano. “Estamos
orgullosos de traer esta exposición a Palma de Mallorca como parte de
nuestros esfuerzos para ilustrar la diversidad de nuestra herencia
cultura”, dijo Valerie O’Brien, agregada cultural adjunta de la
Embajada de Estados Unidos en Madrid.
La
exposición ha viajado por Europa y América latina desde el año 2000. La
muestra que viene a Palma es una colección especial que destaca sesenta
imágenes de calidad museo, impresas con los procesos fotográficos
utilizados a principio del siglo 20, como el platino, la impresión
atenuada plateada, gelatina plateada, el fotograbado y el cianotipo, que
le otorgan una calidez y una mágica artística muy peculiares.

“Decidimos acoger esta exposición por su importancia etnográfica y
cultural”, agregó el Dr. Francis J. Vilar, egiptólogo y presidente
de la Fundación Sophia. “La colección destaca la visión histórica del
fotógrafo, ya que él entendía la necesidad de documentar información
gráfica sobre las tribus indígenas en vía de desaparición siendo testigo
de sus tradiciones de cara al futuro”, concluyó.
En efecto,
en los últimos años las fotografías de Edward Curtis han sido objeto de
estudio por parte de algunos investigadores y su trabajo es considerado
un documento único que aporta detalles todavía desconocidos de estas
milenarias culturas
El
fotógrafo
Eduard
Sheriff Curtis nació en una familia de origen humilde en 1869 en el
Wisconsin rural. Descubrió la fotografía y logró construir su primera
cámara de foto con 1,25 dólares y un par de años después se
convirtió en fotógrafo aprendiz. Después de la muerte de su padre, se
hizo cargo de la familia y se mudó a Seattle, en el estado de
Washington, dónde se convirtió en un famoso retratista. Durante su
tiempo libre, exploraba las montañas y fue durante una de sus
excursiones cuando se encontró con su destino.

Ayudaba a un
grupo de científicos que se habían perdido a encontrar su camino de
regreso, que incluía el famoso antropólogo George Brennell, que más
tarde lo invitó a unirse al grupo para una expedición de dos semanas.
Fue entonces cuando se puso en contacto con los indios, conoció su
cultura y se dio cuenta que estaba desapareciendo. Presérvala se
transformó desde entonces en la misión de su vida, y dedicó treinta años
a capturar con su lente los diferentes elementos y personas de las
tribus en los Estados Unidos y Canadá.
Se hizo
amigo de importantes jefes de tribu como “Red Cloud” (Nube Roja) y
“Luther Standing Bear” (Luther Oso Parado), que al tomar conciencia de
de la propia extinción d esu pueblo, colaboraron con Curtis compartiendo
su historia, su idioma, su música y sus tradiciones, los cuales el
registró en 10.000 grabaciones de cilindros de cera. Tubo que luchar
con el aspecto financiero del proyecto, hasta que un día el Presidente
Theodore Roosevelt le presentó al legendario banquero JP Morgan, quien
financió una tercera parte del ambicioso proyecto. Curtis tenía que
financiar el resto con conferencias, la venta de impresiones y de
libros.
En el curso
del proyecto, Curtis perdió a su familia y a s lssu salud, su familia.
En 1952, murió pobre y olvidado. Su equipo fotográfico se extravió y
sólo 100 de sus casi 50.000 negativos sobrevivieron. El creciente
interés en la fotografía en los años setentas rescató el trabajo de
Edward Curtis del olvido y volvió a escena, gracias a la extensa
investigación de Christopher Cardozo, una de las autoridades en el tema
Curtis y el comisario de la exposición.
La
exposición
Un mundo de
serenidad es lo que resume mejor las fotos, hombres y mujeres con la
naturaleza, en su hogar, con su manera de vivir que parece fundirse con
su entorno, el cual respetaban enormemente.
La
exposición está organizada según las tres zonas geográficas que eran el
objetivo del estudio de Curtis: el Noroeste Pacifico, las Grandes
Llanuras y el Suroeste.

La
Costa Noroeste
Las tribus
de la costa Noroeste supuestamente tenían el material más elaborado y
sofisticado de los grupos indígenas visitados por Curtis y como él
descubrió, las tribus del Noroeste habían desarrollado objetos
espectaculares de ceremonia, como complejas máscaras y tótems.
En sus
imágenes de los pueblos indígenas del noroeste norte americano, Curtis
retrataba a menudo lagos y ríos como telón de fondo que junto con los
valles y montañas sus estudios favoritos. Sus fotografías de la vida
tribal en las llanura y las regiones boscosas, que se extienden hacia el
norte de los Estados Unidos introduciéndose en Canadá, son quizás las
más líricas y serenas.
En aquellos
parajes, Curtis encontró a menudo una ubicación perfecta desde la cual
retratar la cultura y la religión de las tribus Indias que todavía se
mostraban en completa armonía con su entorno natural. Esto está
reflejado en la cualidad poética de sus mejores fotografías, sugiriendo
con ellas, que los lugares y los pueblos que encontró en la parte
noroeste ejemplificaban el legado sagrado que él se esforzó en plasmar.
Las
Grandes Llanuras
Las
fotografías de Curtis de la vida indígena en las grandes llanuras
componen quizás el cuerpo de su trabajo más popular: para mucha gente,
sus fotografías de los jefes y guerreros, el sofisticado trabajo de las
cuentas de los collares, los caballos y el paisaje de las llanuras han
venido a demostrar como era la vida de los indios. Sin embargo, sus
fotografías también documentaron muchos otros aspectos de la vida tribal
como la caza, la búsqueda de la visión interior y las ceremonias
religiosas.
Las tribus
de las grandes llanuras eran las más imponentes del norte de América e
inspiraron a Curtis por la majestuosidad de sus vidas. Las inmensas
extensiones de tierra y del cielo, los caballos, los tipis, las
ceremonias solares – todos están representados en las fotografías
conmovedoras de los paisajes de las llanuras.

El
Suroeste
Los indios
de suroeste vivían fundamentalmente en Arizona y Nuevo México, a pesar
de que su presencia se extendía también dentro de Texas, California y
el norte de México. A causa de la escasez de vegetación, la caza y el
agua en su habitat semiárido, los pueblos tribales del suroeste llegaron
a depender en gran parte de la agricultura para sobrevivir. A medida
que creció su dependencia de los propios cultivos, los indios del
suroeste adoptaron una tendencia orientada al crecimiento de las
poblaciones. De hecho, algunos de sus pueblos han sido habitados sin
interrupción durante cientos de años, transformándos en asentamientos
todavía en uso en el norte de América hoy en día.
Una de las
razones por las cuales Curtis fue atraído por las tribus indias del
Suroeste fue la oportunidad que ellos le concedieron de echar un vistazo
a la vida india protegida de la influencia de las costumbres europeas.
En los 1900, la mayoría de la población vivía de acuerdo a sus antiguas
tradiciones y practicas religiosas. Asimismo, Curtis estaba fascinado
por la fuerte relación que los indios del suroeste tenían con la tierra,
que era el eje de su historia, tradiciones y creencias, tanto en sus
manifestaciones físicas como metafísicas. Casi todas sus prácticas
giraban entorno a sus ancestrales creencias.
La inmersión
en el paisaje y las culturas del indio del suroeste es un hecho evidente
en las fotografías que él hizo en la región. Estas imágenes y los
archivos escritos que Curtis produjo durante varias décadas, reflejan su
profunda comprensión del intercambio geo-cultural de estos pueblos con
su entorno.
Créditos de la exposición
Después de
décadas de olvido en anónimas salas de lectura y colecciones privadas,
el excepcional archivo fotográfico de Curtis sobre la vida de los Indios
en el Norte de América, desde 1900 hasta 1930, está experimentando un
renacimiento, puesto que investigadores y entusiastas han redescubierto
un testimonio visual cargado de emotividad sobre la gloriosa historia de
los nativos de América del Norte.
Las
fotografías destacadas en esta exposición provienen del archivo y
colección personal de Christopher Cardozo: mundialmente reconocido como
una de las autoridades más destacadas sobre Curtis y sus fotografías.
Cardozo es el autor de seis libros sobre el artista y fundador de la
Fundación Edward S. Curtis.